martes, 22 de mayo de 2012

POLÍGLOTAS

Saben bien (algunos de) mis alumnos que... en lo que atañe a la España invertebrada, soy partidaria de articular o programar intercambios escolares entre chiquill@s de diferentes regiones, comunidades o autonomías patrias (léase Iberia. la piel de toro) a fin de... Aparte del coste (más barato que Irlanda o el internado british), otros ahorros no desdeñables...
Por ejemplo, y ya puestos en un programa de mínimos (así hablaban los burócratas cuanto tratábamos asuntos varios), quizá lográsemos mejores asesores lingüísticos en la Junta de Extremadura a la hora de replicar al inofensivo (¿o no?) Xavier Trías, tan modosito y delicado y hasta prudente porque....


                         


Y es que el tencoyong tiene visos de ir a convertirse en el pantumaca, (¡y a mucha honra!) de la crisis.
Me fui a Valladolid (¡que ya es!) y me he descolgado de posibles secuelas, pero esto es lo que tenía en mente antes, así que...
Antes, también, estaba conmocionada por la noticia de que en Catalonia nos gobernaba un tal Mr. More...
Repito: Mr. More...
Al parecer, ni para ti ni para mí ... Porque nada que ver con  el Mas catalán, ni mucho menos con el Mas castellano, que así, sin acento, es puro adversativo....


                  www.20minutos.es/noticia/1414807/0/generalitat-catalana/web/traduccion-ingles/

Ahora bien, me complace transmitir a aquellos que no se conectan con lo propio, este gag del gran programa catalán "Polònia", espléndidamente ... traducido (visual y gráficamente)...


         (P.D. H estado de viaje y mi secretario se ha tomado días libres también; de ahí el retraso.)                

martes, 15 de mayo de 2012

UNIVERSIDADES

Aún me duraba la risa tras la lectura del último cuento del reciente libro de Cristina Peri Rossi, Habitaciones separadas, que narra la grandeza de un ingenuo Robin Hood urbano, expropietario de una pequeña tienda de electrodomésticos, que una mañana sorprende a los transeúntes de City Light con una lluvia de billetes, convencido de que su acción es un gesto poético, y hasta revolucionario, ya que distorsiona los circuitos habituales de distribución del dinero....

                               
http://1.bp.blogspot.com/-Pg1yQfGv7jw/T3FtmBtw0jI/AAAAAAAAC64/_tTDHQszov8/s320/habitaciones-privadas-peri-rossi.jpg

cuando este miércoles disfruté de lo lindo con otro gran escritor uruguayo (y todo un referente), Eduardo Galeano, que vino a nuestra Universidad a ofrecer una lectura de su último libro Los hijos de los días, una deliciosa gavilla de relatos breves (algunos casi poemas en prosa) organizados a modo de entradas diarísticas, si bien son "ficción" o recreación o meditación histórica, tanto del presente como del pasado, cargados de humor, ternura, acidez, sarcasmo...
                          

Salía recreando aquella lectura, maravillada por el llenazo: el Paraninfo repleto, hubo que habilitar el Aula Magna (tomen nota los encargados de las relaciones públicas de las editoriales, que se les llena la boca rechazando ese espacio, que al propio Galeano le embelesaba...)...
y al llegar a casa me enteré que habían desmantelado LA RIMAIA, una universidad popular, también de mi barrio...

                                              
La había descubierto por casualidad hace años, en una modesta sede de un bajo comercial de la calle Casanova, al regresar del Renoir-Floridablanca... y desde entonces había seguido su obligado deambular... A ver dónde renace!

domingo, 6 de mayo de 2012

MAYO




Al maig, cada dia un raig

El pasado viernes, Xavier Theros escribió (en la edición catalana de El País) un certero y acerado artículo –“Plaga de poliflautas”- sobre el particular clima que vivimos en Barcelona ya no el martes 1 de mayo, sino la semana entera, desde que empezaron las medidas profilácticas destinadas a hacer agradable la estancia de tanto ilustre visitante que tuvo a bien agraciarnos con su presencia. Hablaba Theros de la estética poliflauta que prolifera entre los moços (que se disfrazan de activistas antisitema pero con una banda de color verde en el brazo izquierdo para que los distingan), del derroche de helicópteros sobrevolando permanentemente la ciudad, de las calles cortadas y los atascos…
Y hoy sábado leíamos una muy elocuente crónica –“Un blindaje policial sin margen para el error”- de lo que le pasó a un modesto funcionario (sospecho que de mi faculty) que, al salir del metro en Universidad y ante el insólito y esplendoroso espectáculo que se desplegaba a sus ojos, tuvo la infeliz ocurrencia de sacar su móvil y disparar unas instantáneas…
También supimos que, pasado el peligro, liberaron a los estudiantes “retenidos”.


El caso es que, por befas o por nefas, recordé otro mayo extraño: el de 1937.
Por increíble que parezca, en la férvida Barcelona de entonces no se celebró la gran manifestación que unitariamente habían convocado los sindicatos para conmemorar la fiesta del proletariado, el 1 de mayo, y aquel sábado los barceloneses se vieron obligados a trabajar igual que un día cualquiera. Contra lo prometido, no hubo discursos, ni paradas, ni manifestaciones: sólo un escueto comunicado oficial para notificar la suspensión de los actos programados debido al peligro y el desorden reinantes, instando a las organizaciones a retirar de las calles a cuantos elementos que, a fuerza de emplear la coacción, comprometían la revolución y la guerra. Era la única manera, decían, de erradicar el clima de alarma que reinaba en Cataluña a causa de los asesinatos y atropellos cometidos por unos y por otros, a los que siguieron los correspondientes entierros con sus cortejos fúnebres, unos actos descomunales y excesivos para ser lo que supuestamente eran o deberían, pero no para lo que en realidad fueron: una demostración de fuerza.

        



El narrador de mi nueva novela y su amigo Ángel habían quedado el domingo por la tarde para ir al Capitol, y lo esperé en la Plaza de Cataluña durante unas dos horas, y recordará la extrañeza que le produjo el monolito instalado en mitad de la plaza para celebrar la fiesta del trabajo: un gigantesco número uno erguido sobre una base de cuadriláteros que en cada una de sus caras llevaba escrito en enormes letras mayúsculas un maig aderezado con profusión de alegorías y eslóganes referidos a la histórica jornada. En el Capitol, esa histórica jornada tenían programado La ciudad sin ley, del gran Edward G. Robinson. Bueno, de Howard Hawks.

                      


Naturalmente, el amigo Ángel estaba missing porque, tal como venían dadas, se jugaba el cuello. Más tarde, cuando se encuentran, y rememora aquella otra semana trágica (que así llegó a llamársela), entre otras cosas, le cuenta:
            -Pero que conste, que en Sants triunfamos. En mi barrio, los bakuninistas proclamaron el comunismo libertario: desde el mismísimo martes y frente a la mismísima Plaza de España, ondeó un gigantesco cartel –explicó, abriendo los brazos todo cuanto pudo y agitándolos en el aire mientras exclamaba:
                        REPÚBLICA INDEPENDIENTE DE MURCIA
       AQUÍ TERMINA CATALUÑA.
PROHIBIDO HABLAR EN CATALÁN.




                                 


Y también le cuenta, muy enfadado, el discursito ridículo de García Oliver conocido como “La leyenda del beso”:
¡Camaradas! Por la unidad antifascista, por la unidad proletaria, por los que cayeron en la lucha, no hagáis caso de provocaciones. No cultivéis en estos momentos el culto a los muertos. Que no sean los muertos, la pasión de los muertos, de nuestros hermanos caídos, lo que os impida en estos momentos cesar el fuego. No hagáis un culto a los muertos. […] Todos cuantos han muerto hoy son mis hermanos; me inclino ante ellos y los beso. Son víctimas de la lucha antifascista y los besos a todos por igual

    



Y ya puestos a seguir llorandoriendo, otro recuerdo de aquellas jornadas: el almibarado artículo aparecido en una publicación anarquista, “Las Naranjas de la Paz”, donde el autor, abusando de la falacia patética, contaba un episodio, al parecer verídico, sucedido en las calles de la Barceloneta:

     Los disparos de esta parte de la población se espacian y agonizan, como lanzados por fusiles asmáticos. Un carro de naranjas, conducido por camaradas del Borne, pone una pincelada de oro en la pausa de un tiroteo lánguido. Las naranjas –bombas de mano de la huerta levantina- avanzan hasta la barricada que ocupan los trabajadores. Un saco, dos sacos, tres sacos
      Los camaradas del Borne se retiran después del dulce bombardeo y los trabajadores se disponen a engullirse el envío, ante los rostros asombrados de los guardias. En el reducto del Orden Público las bocas se hacen agua.
     Un guardia más decidido que otros se acerca a pedirles naranjas y les regalan un saco. Desde entonces, ni un disparo, ni un insulto, ni una mala mirada más. Bien haya la naranja pacificadora que ha sido instrumento de armonía…





domingo, 29 de abril de 2012

MIKA





Es cierto que aún queda pendiente de realizar una ingente tarea de desescombro y restitución en cuanto se refiere al rescate y a la publicación de un buen número de textos que rememoran y testimonian la Guerra Civil española de 1936, que en su mayoría nunca fueron editados en España por diversos motivos, y no sólo por los que comúnmente se citan para reforzar interesadamente la tan discutible como jaleada y aceptada tesis sobre la inexistencia de una “memoria histórica”, sino también, y según he comprobado, por simple ignorancia de la existencia de tan increíbles documentos. En el caso de aquellos que fueron editados aquí ya con bastante anterioridad (años 70 y posteriores) hay que admitir que no todos se beneficiaron de la reciente curiosidad de los lectores por dicha experiencia histórica pues, a diferencia de unos pocos títulos que están en la mente de todos, muchos no fueron reeditados pese al innegable interés que tienen unos cuantos de ellos. De manera muy destacada este hecho afecta a los recuerdos, las crónicas, los testimonios, las memorias o los artículos y reportajes firmados por mujeres, con excepción naturalmente de los firmados por aquellas que tuvieron mayor protagonismo o relieve político, como Matilde de la Torre (cuyas “estampas de Asturias”, Mares en la sombra han sido reeditadas por la editorial coruñesa Edición de Castro en 2007), y no digamos Federica Montseny, Dolores Ibárruri o Margarita Nelken.




Nuestra Guerra Civil la vivió también una mujer excepcional cuyo formidable testimonio fue publicado aquí en España en fecha tan temprana como la de 1976 (por la editorial Plaza y Janés), y eso pese a que ideológicamente no se alineaba con las fuerzas de la oposición política dominante entonces, el eurocomunismo). Hablo de Mi guerra de España, de la Mika Feldman (o Etchebérè, como lo firmó), que es uno de los libros más sobresalientes del plural y desigual corpus mencionado, por su propia calidad narrativa, y con independencia de la realidad histórica y de la experiencia personal que encierra, que también es de primer orden, por cierto.

Hija de una familia judía que huye de Europa a Argentina,  Mika Feldman (o Etchebérè) se formó en los ambientes universitarios más politizados y activos del Buenos Aires de entreguerras, donde conoció a quien sería su marido, Hipólito Etchebérè, hijo de una acomodada familia local, y cuyo destino compartió hasta el trágico final de éste, caído en Guadalajara nada más empezada la Guerra Civil, a los veintiséis días de entrar en combate. Toma ella entonces el mando de la Columna que dirigía Hipólito (y que pertenecía a la División del anarquista Cipriano Mera) y de ahí que a Mika se le llamara La Capitana, que es el apodo o sobrenombre  que elige la escritora Elsa Osorio (Buenos Aires, 19952) para titular la novela que dedica a rescatar la figura de esta impar mujer. La pauta narrativa (y por momentos estilísticas) ha debido de encontrarla sin duda en el propio relato de Mika, que se encuentra extraído o paragrafeado e interpolado en todo el tramo central de una novela que da cuenta de la peripecia anterior a la Guerra Civil y, sobre todo, de ésta (entre agosto de 1936 y octubre de 19379. Su condición de militante del POUM le hizo vivir parecida suerte a la de la persecución y eliminación de tantos militantes trostkistas, de la que ella también estuvo a punto de ser una víctima, pues en Madrid fue acusada de traición a la República, librándose gracias a la mediación de Cipriano Mera a favor de Mika. Continuará militando con el grupo de Mujeres Libres y, gracias al pasaporte francés podrá salir de España tras la derrota y exiliarse en París, donde será perseguida por los nazis durante la ocupación, habiendo de regresar de nuevo a la Argentina. Años más tarde volvería a Europa y algunos la vieron en las barricadas parisinas de mayo de 1968. Mika murió en 1992. 

                                          

En La Capitana, me ha emocionado el reencuentro con el Marsellés y con Pedro y con el Chuni y con Katia y Kurt Landau (asesinado por los comunistas en una checa de Barcelona), y el recuerdo de algunos episodios culminantes como el asedio a la catedral de Sigüenza donde quedaron copados y de la que pudieron finalmente escapar. He sabido mucho más de Mika leyendo la novela de Elsa Osorio, especialmente, como he apuntado, de todos los preludios de Mi guerra de España, que la autora reconstruye en esta novela montada como escenas que se yuxtaponen al modo de un collage, al margen de la secuencia cronológica, teniendo eso sí como espina dorsal el propio relato de Mika Feldman.